No sé si tú eres de las que dice (o piensa): por la mañana hasta que no tomo café no soy persona.
La traducción de esto es básicamente: por la mañana no tengo energía, y cuando me tomo un café parece que sí.
Pero como tantas cosas, solo lo parece.
El café no da energía. Estimula el sistema nervioso, que es bien distinto.
Para que algo te de energía primero no te la tiene que quitar. Y segundo tiene que aportarte electrones.
Si hablamos de comida, los alimentos más energéticos son los que tienen mayor aporte de electrones con menor gasto digestivo.
Solo suman. No restan.
Y no estimulan artificialmente tu sistema nervioso, sino que al contrario, le aporta los recursos para que haga lo que tiene que hacer.
Por supuesto que no hablo de que te tomes una comida energética y ya te solucione la vida.
Si te has dejado ir mucho, es posible que sí notes un cambio brutal desde el minuto 1.
Pero esta comida forma parte de un proceso de volver al origen, a lo que nos hace bien, al ser humano que busca siempre su equilibrio y estado de paz, y no se conforma con sobrevivir.
Si quieres experimentar una de las mejores recetas que conozco para sentirte vital, y comenzar este aprendizaje en grupo, atiende esta clase que salió hoy en la membresía: sopa energética.

Deja una respuesta