Aunque parezca que la desparasitación está de moda, es una práctica que se ha hecho desde siempre.
El resurgir actual está en la mayor exposición a tóxicos a la que estamos expuestos consciente o inconscientemente en nuestra vida moderna.
Porque sí, los parásitos aparecen cuando hay trabajo que hacer, y ese trabajo para ellos es principalmente comer tóxicos (metales pesados, radiación, alimentos ultraprocesados, …).
El problema es que su presencia constante y exacerbada genera a su vez nuevos problemas, ya que reclaman más comida (tóxicos) para sobrevivir y sus evacuaciones son también tóxicas.
Refranes como «a perro flaco, todo son pulgas» o «nunca las desgracias vienen solas» juegan muy bien aquí.
Cuando hay tóxicos, hay parásitos, y esos a su vez reclaman más tóxicos para sobrevivir, y evacuan toxinas que requieren más parásitos y así un ciclo sin fin.
Hasta que lo paras.
Entonces ¿Cómo sé si me tengo que desparasitar?
Hay signos y síntomas que, junto con algunos valores que te puede dar cualquier análisis de sangre, puedes sospechar que se trata de parásitos.
Pero no es cuestión de matarlos, como hace el enfoque farmacéutico (y algunos tratamientos naturales también), que te dejan en el cuerpo los cadáveres, sus huevos y los tóxicos por los que aparecieron.
Hay que invitarlos a salir, haciendo que nuestro organismo sea un lugar inhóspito para ellos. Así se irán ellos, sus huevos y los tóxicos a los que se adhieren.
En este vídeo explico toda la información sobre los parásitos que nos habitan, qué síntomas y valores en sangre te pueden indicar su presencia y cómo debe hacerse una correcta desparasitación:

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