Un día en consulta, una mujer vino con su hijo de 12 años para que le enseñáramos a alimentarse mejor.
Durante la conversación, la madre dijo que el hijo ya no sale a jugar sino que solo está con la play.
-«Pero no es él solo, son todos.»
Y con esa frase, quiso dar a entender que eran los signos de los tiempos, lo que todo el mundo hace, …
Quiso justificar un comportamiento que a ella no le gusta o cree que no es bueno (si no no lo justificaría) con el argumento de que todo el mundo lo hace.
Hay un refrán que dice «mal de muchos, consuelo de tontos».
Y no estoy juzgando a esta madre que como todas hacen lo mejor que saben por sus hijos.
Traigo esta reflexión de si el hecho de que un comportamiento esté establecido como normal por la mayoría, ya lo convierte en bueno para ti.
Que «todo el mundo» (si es que esto fuera cierto y no es solo nuestra percepción) desayune un café con leche y galletas o coma una paella el domingo en familia no lo hace más o menos «bueno».
Es lo común. Sí.
Es nuestro alimento fisiológico. No necesariamente.
Y es que esta es la pregunta: ¿Cuál es la dieta original del ser humano?
Si pudiéramos abstraernos de toda la cultura culinaria que hemos ido añadiendo y normalizado a día de hoy, ¿Con qué nos quedaríamos?
¿Cuál es el alimento para el que fuimos diseñados?
A lo largo de los años me he hecho muchas veces esta pregunta, y he ido investigando y experimentando en mí misma, hasta llegar a las conclusiones que explico en este vídeo: La dieta original del ser humano.

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