Hace unos años, vivía en una casa de alquiler en la que el patio tenía un derretido de cemento y estaba de aquella manera.
Como el dueño no dejaba hacer obra, lo forramos con piedras naturales y césped artificial.
Hoy no hubiese elegido esa opción, pero en ese momento creí que era lo que podía hacer.
Al menos nos aseguramos de comprar uno de buena calidad para que pudiera permanecer allí muchos años aunque la casa cambiara de inquilinos, como así ha sucedido.
El caso es que un día vinieron a casa unas personas que conocían mi labor de divulgación, y una de ellas nada más llegar dijo algo así como: tanto hablar del plástico y tienes un césped de plástico.
Me cayó como un jarro de agua fría, pero en verdad su comentario tenía toda la lógica del mundo.
Quizá no fue de una forma agradable, pero me hizo darme cuenta de una incoherencia que tenía. Una decisión que tomé creyendo que no había mejores opciones.
Cualquier persona que se expone, ya sea de forma artística, como terapeuta, política, divulgadora, etc. en algún momento ha recibido el juicio por alguna palabra o decisión que ha tomado.
Como si solo pudieras expresarte desde la «perfección».
En Viviendo Consciente no hablo de normas a seguir para ser consciente y si te sales eres un pecador.
No.
La coherencia es un valor fundamental para mí.
Pero no es algo estático, sino un ejercicio constante de volver al equilibrio, a la frecuencia de tu verdadero yo.
Es estar atenta e informada para tomar mejores decisiones, y si te equivocas, aceptarlo y así poder rectificar y aprender.
Conozco personas que no se atreven a mostrarse simplemente humanos, con sus aciertos y desaciertos.
Por miedo al juicio.
O creer que si lo hacen, lo que comparten tiene menos valor.
O incluso que ellos tienen menos valor.
Pero en verdad lo que tiene más valor es la persona, con su experiencia, y cómo ha solventado esos aciertos y desaciertos, cuando hay una voluntad honesta de volver siempre al equilibrio de la coherencia desde la consciencia.

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