Hace tiempo que no me pasa, pero alguna vez sí.
Estando en una comida con algunas personas ajenas a este estilo de vida, al descubrir que mi alimentación no es la convencional se oye el comentario «hay que disfrutar de los placeres de la vida».
Esta frase, que muchas veces se dice justo antes de tomar una decisión de la que luego te arrepientes, en realidad da por hecho lo que no tiene por qué ser así:
- Se asume que si algo a ti te da placer, entonces a mí también. En el caso de la comida, como para ti comer carne a la brasa es un placer, asumes que si yo no lo como es porque estoy rechazando los placeres de la vida.
- Y al revés, que si me ves comiendo verduras, te ríes porque eso solo se come cuando estás enfermo (me lo dijo un compañero de trabajo una vez, no es broma).
- Se asume que, ante un placer, no tengo voluntad ni capacidad de utilizar mi corteza prefrontal para posponer la recompensa.
- Y por último, que existe un placer desconectado de mi consciencia de ser uno con todo.
En el directo que hice ayer, contaba que nada está separado.
Y por eso, a medida que te vas alineando y tomando consciencia, lo que por ejemplo para mí toda la vida fue un placer, como eran las galletas, es que ya no me acuerdo de ellas.
Literal.
Claro que si un día me ofrecen alguna y me apetece me la como. Pero ya no lo hago desde el apego.
Porque una cosa es disfrutar de las cosas de la vida, y otra muy distinta creer que esas cosas te dan la felicidad.
Cuando lo has experimentado, ya no tienes que «vencer la tentación».
Simplemente haces lo que te nace desde la auténtica libertad, y no desde la dependencia.
Y esto para mí sí es disfrutar de los placeres de la vida.
Los ámbitos de Viviendo Consciente: alimentación, ecología, salud, consumo, hogar, … los abordamos siempre desde esta perspectiva global.
Vamos a la esencia, de lo de fuera y lo de dentro.
Porque esa es la única forma de que puedas elegir tus opciones desde la auténtica libertad.

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