En verano estuve en un encuentro donde cada uno llevó también algo de comida para compartir.
Una de las personas dijo que como «no le había dado tiempo» de preparar nada, había ido a un mercadona a comprar cualquier cosa para no llegar con las manos vacías.
Todos nos hemos visto alguna vez en una situación parecida de llegar el momento y no tener nada que llevar, pero, ¿Por qué pensamos en el Mercadona como un recurso válido?
(Y donde digo Mercadona digo el hipermercado o gran distribuidora de turno.)
Donde nada es local, ni se ha cuidado la tierra, los cultivos ni a las personas productoras, que además fomenta la merma de la economía local y de la soberanía alimentaria, que sobregenera plástico, …
Y no me cuestiono que lo consideremos un recurso en un caso de necesidad, sino «para llevar algo».
Siempre digo que lo importante es lo que haces como hábito, en tu día a día, y no tanto las decisiones que tomes en un día que te viste apurado sin nada que llevar.
Pero me gusta usar escenas como estas que ocurren en la vida para ayudarnos a reflexionar sobre los actos y decisiones que tomamos. Eso sí, nunca para juzgar a las personas, porque como dice un amigo: nadie sabe lo que hay en su corazón.

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