Rafaelito es un señor mayor de mi pueblo, que los últimos años ha estado haciendo de guía turístico para la gente que llega a conocer el lugar.
Estuve en una de esas rutas y en un momento va y dice:
Este es un pueblo barato.
La gente se quedó así un poco mosca, y él siguió:
Sí, es un pueblo barato, porque como aquí no hay escaparates, no se te antoja nada que comprar y ese dinero que te ahorras.
Me pareció simplemente brillante.
Y la mejor forma de vivir la primera R de una vida más sostenible: Rechazar.
Estamos tan sobreestimulados con la publicidad y el consumo, que un lugar donde la exposición es mínima es un oasis en el desierto.
Es que ni en tu misma casa te dejan tranquila. Te pueden llamar en cualquier momento desde el otro lugar del mundo para venderte una nueva oferta irresistible.
O llegarte al buzón una montaña de publicidad de los partidos políticos.
O que para ver un vídeo de YouTube tengas que tragarte una publicidad de antemano.
Pero todo esto no tiene por qué ser así.
Hay herramientas sencillas para evitar todo esto. El paso a paso lo cuento aquí:

Deja una respuesta