Hace un par de semanas publiqué la reseña del libro «La vida secreta de las plantas».
Dentro de las numerosas investigaciones que se describen en el libro, está la del ingeniero francés A. Simoneton.
Su maestro, André Bovis, le enseñó a captar y medir la emisión de longitudes de onda de un objeto, que él enfocó en los alimentos.
Simoneton descubrió que un alimento vital irradiaba de 8000 a 10000 angstroms, mientras que las carnes, leche pasteurizada y hortalizas demasiado cocidas, irradian menos de 2000 angstroms.
Tras su investigación, propuso que la calidad nutricional de los alimentos está relacionada con la frecuencia de vibración de los elementos que los componen.
Los alimentos con una frecuencia más alta (como las frutas y verduras cargadas de vitaminas, minerales y antioxidantes), cuando están crudos, se consideran más nutritivos y beneficiosos para la salud.
Los alimentos de baja radiación, como las carnes, procesados y refinados, en lugar de dar vitalidad al cuerpo lo despojan de la que tiene.
La alimentación viva está basada en alimentos vegetales frescos, tal cual la naturaleza los diseñó, y sin ningún procesamiento que dañe este diseño original perfecto.
No solo para respetar su energía vital, sino también su contenido en nutrientes, vitaminas y enzimas, con su estructura biológica original.
Incluye una receta para empezar a experimentar la alimentación viva en tu día a día.

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