Siempre he pensado que ser disfrutona y alegre lo heredé de mi padre, pero ser concebida en carnavales seguro que también tiene algo que ver ☺️.
También creí siempre que las cosas se consiguen con esfuerzo y sacrificio.
Y sí, he comprobado que se pueden conseguir cosas así ¿Pero a qué precio?
Ahora que empiezan las fechas de consumo masivo, te das cuenta de que la publicidad siempre promete que si compras vas a disfrutar más, tener mejores relaciones, experiencias inolvidables, …
Y por el contrario, los mensajes del consumo consciente suelen ser: al planeta le quedan 2 telediarios, si compras en Zara esclavizas a las personas, los peces comen plástico por tu culpa, …
No parece muy atractivo…
Así que los que queremos que el mundo sea más bonito por dentro y por fuera, tenemos integrado que hacer un consumo consciente conlleva esfuerzo y sacrificio, nos sentimos culpables o que no estamos a la altura ética que corresponde.
Buf, suelta.
Me ha dado bajona solo de escribirlo.
Suelta.
El consumo consciente contribuye a la transformación del cuidado de la naturaleza, derechos laborales, economías locales, justicia fiscal, …
Sí, todo eso.
Y también el buen vivir y la calidad de vida.
Si no, no es consciente, es otra cosa.
Y para hacerlo consciente, tenemos que irnos a la esencia, a las necesidades humanas.
Todo esto lo explico en el vídeo Consumo consciente para el buen vivir.
Y debajo incluyo un ejercicio para que empieces a decodificar cómo te relacionas con el consumo y poder generar otros patrones.

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