Este sábado hubo manifestaciones masivas en Canarias con motivo del modelo turístico que políticos y grandes lobbys del turismo han impuesto en las islas.
En otra época de mi vida hubiese estado allí dándolo todo, como he hecho para muchas otras causas, pero esta vez no fui.
Y es que tuve serias dudas.
No de lo que defienden, ya que más o menos suscribo casi todo lo que manifiestan; y en cualquier caso, todo mi apoyo a las personas que se ponen de pie ante al poder.
Pero mi cuestionamiento va en un sentido más profundo.
Uno de los lemas principales era «Canarias no se vende, se ama y se defiende». Entiendo el valor de salir a la calle y sentir que estamos juntos en la construcción de un lugar mejor para todos.
Pero me pregunto:
¿Nos damos valor como pueblo cuando nos manifestamos previa autorización al gobierno para que nos dé permiso de hacerlo?
¿Tiene sentido «enfrentarte» al poder y pedirle que «se porte bien»?
Se deben estar partiendo de la risa, y aprovechando de paso toda esa energía masiva de rabia.
Sé que es lo más difícil (y quizá por eso no estaba entre las propuestas), pero ¿Esta situación no se cortaría de raíz si ninguna persona obedeciera órdenes que van contra el buen lugar que todos queremos?
Los políticos y grandes empresarios no van a perder sus privilegios porque haya una manifestación.
Pero ¿Qué pasaría si los albañiles se negaran a construir más hoteles, los empleados dejaran de trabajar en esos espacios de turismo masivo y los canarios compráramos la comida a los agricultores de las islas?
Ya sé que todos nos tenemos que buscar la vida de la mejor forma que podemos, pero quizá es cuestión de unirnos, sí, pero para pensar cómo nos lo montamos diferente para cubrir nuestras necesidades sin tener que apoyar la avaricia desmedida del poder.
Y este es el trabajo interno y externo que propongo en Viviendo Consciente.
Que lo que hacemos con nuestra vida, dónde compramos la comida o qué compañía de móvil contratamos vaya a favor del mundo que queremos, y no en su contra.
Hay ámbitos en los que esto nos resulta más fácil, y otros en los que no podemos ir más allá por la circunstancia que sea.
Pero lo más importante (al menos para mí) es que nos pongamos en camino, tomar el poder de elegir que tenemos como humanos.

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