Seguro que has escuchado (o incluso a ti misma) diciendo algo como «ya no se puede comprar nada. Todo es tóxico.»
Y es que a nuestra generación le tocó esta época en que la sociedad tiene asumido como normal (e incluso como bueno, como si fuera un avance) el uso y abuso de productos de la industria.
Por lo que relacionamos la alimentación, la higiene, los productos de limpieza o la propia salud con la compra de productos industriales.
Así que cuando se ponen sobre la mesa los efectos nocivos que tienen esos productos para la vida en la Tierra, crees que entonces ya no se puede comprar nada, porque has basado tu alimentación, productos de aseo o limpieza del hogar en productos de la gran industria.
Si te quitan eso, crees que ya no te puedes alimentar, mantener tu higiene o la limpieza de tu casa.
Porque toda tu vida cotidiana la has hecho dependiente de la industria, y ahora ya no sabes cómo vivir sin ella.
Pero el problema no está en que los que buscamos maneras más conscientes de vivir seamos unos tiquis miquis o nos creamos especiales.
El problema es haber normalizado lo antinatural, la comida llena de tóxicos, los útiles para la vida cotidiana que lo contaminan todo, … la distopía.
Darnos cuenta es un buen comienzo.
Pero antes de reaccionar y decir «es que ya no se puede usar nada».
Es más útil asumir que toca hacer cambios.
Vamos a dejar de aceptar como normal lo que nos hace daño.
Y buscar los cauces para que todas las personas y habitantes del planeta tengamos acceso a comida y útiles de vida naturales y sanos.
Los cambios no tienes que hacerlos todos a la vez.
Empieza por el ámbito que sea más fácil para ti.
Puede ser la alimentación, pero quizá a ti te es más fácil empezar por los productos de limpieza, la cosmética o la radiación electromagnética.
Aunque creas que estás lejos del «ideal», siempre se puede hacer algo, sin importar donde te encuentres ahora.

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