Gracias a la fotosíntesis, nuestro planeta está cubierto de un bello manto vegetal, y el aire se enriquece de oxígeno que será reutilizado por otros seres vivos en un ciclo eterno…
Las plantas transforman el carbono del anhídrido en compuestos orgánicos y liberan oxígeno.
Además, las moléculas de clorofila y las de hemoglobina de la sangre son semejantes. Su única diferencia está en el átomo central: el magnesio para las clorofila y el hierro para la hemoglobina.
Y esta similitud lleva un significado más allá de lo biológico.
La fotosíntesis es fuente de vida, actúa como intermediaria entre el mundo mineral del suelo y el mundo gaseoso del cielo, con el sol como motor.
Y es además este sol el que carga de electrones de vida el agua biológica de las plantas.
Toda esta alquimia es la cocina de la naturaleza.
Y una de sus ejemplos más ilustres son los germinados y brotes verdes, las plantas en su estado más vital y nutritivo.
Aprender a cultivarlos en tu casa, intercambiando su energía con la de tu cocina es una alquimia que te incluye a ti y tu familia.
Es uno de los alimentos más bellos que puedes incorporar a tu vida.

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